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01
Julio

En la muerte de Eduardo Fungairiño

Lunes, 01 Julio 2019
Publicado en Presentaciones

El fiscal Eduardo Fungairiño murió el 30 de junio pasado y perteneció siempre al recuerdo del desaparecido diario Madrid, en el que colaboró en los años 1969 y 1970, con el pseudónimo de Alfonso Romerales, y generalmente sobre temas de defensa y armamento.

 

Fungairiño columnista de Defensa en el “MADRID”

 

Por Miguel Ángel Aguilar 01/07/2019

 

Eduardo Fungairiño Bringas ha muerto ayer domingo en Madrid a los 73 años de edad a causa de los problemas cardiacos que le afectaban. Había nacido en Santander y en 1965 a la edad de 19 años “por entrar en una curva de una carretera próxima a Madrid a una velocidad propia del marqués de Portago” quedó para siempre en silla de ruedas. Se graduó en Derecho en septiembre de 1970 y tras ganar las oposiciones a la Carrera Fiscal fue destinado a Barcelona en 1973. Ocupó sucesivos destinos que sirvió con talento, memoria privilegiada y, en ocasiones, actitudes polémicas. Pasó por la Audiencia Nacional, tuvo que informar en causas muy notorias como la del aceite de colza y otras muchas seguidas a terroristas etarras, los grapo y los yihadistas. Padeció sus amenazas y el asesinato de su compañera Carmen Ruiz Tagle. Su último destino como Fiscal de Sala del Tribunal Supremo lo cumplió desde 2006 hasta mayo de 2018, hace trece meses al jubilarse.

En el diario MADRID colaboró escribiendo columnas sobre asuntos de Defensa y Fuerzas Armadas a partir de 1969 hasta que concluyó sus estudios en la Facultad de Derecho al año siguiente. Firmaba Alfonso Romerales, seudónimo que coincidía con el nombre de un general que por resistirse a secundar la sublevación del 18 de julio en Melilla fue fusilado el 18 de julio de 1936. Las colaboraciones de Fungairiño eran leídas con atención preferente por autoridades muy susceptibles. En una ocasión dos colaboradores militares, los capitanes Javier Calderón y Alfredo Gosálvez, con destino en el Alto Estado Mayor llamaron alarmados por la columna en la que Alfonso había tratado de la adquisición de los carros AMX30 y de su asignación a las fuerzas desplegadas en el Sahara. Insistían en que esa información era del máximo secreto y que estaban siendo señalados como los filtradores.

Provocamos un encuentro en la cervecería “José Luis” de la calle de Serrano. Y allí Eduardo explicó que dadas las características de los AMX30 y su adecuación al desierto y la carencia de esos vehículos en las unidades allí destinadas había concluido que ese sería su destino más lógico. ¿Cómo sabía usted que esas unidades no estaban dotadas de carros? Porque TVE acaba de emitir un reportaje a fondo sobre nuestro despliegue en el Sahara sin que apareciera carro alguno, fue su inapelable respuesta. Para resolver otro encontronazo con la Armada visitamos su Cuartel General. Pero al salir del ascensor en el vestíbulo principal desde treinta metros de distancia Alfonso identificó las maquetas, supo decir sus nombres y su armamento y nuestros anfitriones se dieron por vencidos.

Sobre cómo surgió su colaboración Eduardo Fungairiño escribió un texto para el volumen 30 años del diario MADRID editado en 2001 cuando se cumplía el trigésimo aniversario de la Orden de Cierre dictada por el Gobierno de Franco el 25 de noviembre de 1971. Decía así:

 

 

 

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