Premio de periodismo Rafael Calvo Serer
José Javier Uranga
LA OBLIGACIÓN DE CONSPIRAR
Excelentísimo señor Presidente del Gobierno, excelentísimos e ilustrísimos señores, señoras y señores: Mi primer agradecimiento, entre los muchos que debo, tiene que ser para la FUNDACIÓN DIARIO MADRID, por la concesión del premio Rafael Calvo Serer, que me agrada y me honra profesionalmente. Los dos nombres van unidos a lo más audaz y trascendente que periodísticamente se hizo en la última etapa del franquismo.
Conocí a Rafael cuando formaba un trío de oposición liberal con Antonio Fontán y Florentino Pérez Embid. Era entonces una persona optimista que allá, en los años sesenta, ya veía próxima la restauración de la monarquía. «Como católicos —le oí decir— tenemos obligación de conspirar contra el régimen.» Me contó que se dedicaba a dar charlas políticas en los seminarios sacerdotales porque eran los únicos lugares donde se podía hablar libremente. Le visité en sus últimos días en la Clínica Universitaria de Pamplona.
Su gran servicio a España y a la Monarquía, además de su fidelidad a Don Juan, para el que trabajó lealmente —aunque después ha sido ingratamente difamado—, fue la creación del nuevo Madrid, un periódico distinto a todos los que entonces se publicaban. Por primera vez, desde la guerra civil, se plantearon los problemas reales de la sociedad española; un periódico que admirábamos y en el que nos mirábamos muchos profesionales, dirigido por Antonio Fontán, que abrió horizontes a la democracia y a la libertad.
Era imposible, en aquellas circunstancias políticas, seguir su línea ideológica pero, tanto nos animó su ejemplo, que ahí están o estarían, en el caso de Diario de Navarra y de otros periódicos, las reconvenciones , llamadas a despacho y expedientes de aquel inolvidable Ministerio de Información. Detrás teníamos el buen ejemplo del diario Madrid.
En el recuerdo de Calvo Serer, nuestro agradecimiento a sus redactores y colaboradores que hoy forman la Fundación concesionaria del premio. Digo nuestro porque, en la trayectoria de Diario de Navarra, como en la de todos los periódicos, tan merecedores o más que el director son todos los que han contribuido en los últimos cincuenta años a su éxito y difusión: redactores, empresa, viejos talleres de tinta y plomo, anunciantes y sobre todo lectores. Una mención especial para su actual director, mi sucesor directo, Julio Martínez Torres, con quien trabajé treinta años, que lleva adelante el periódico con nuevas técnicas, éxito y acierto.
Son mayoría los navarros identificados con una ideología que se sigue rigiendo por los estatutos fundacionales de 1903 —para nosotros son como una pequeña constitución—, que nos exigen la independencia de todo partido político, respeto a las creencias religiosas mayoritarias y defensa de las instituciones, de nuestra identidad de navarros y de la vocacional españolidad del viejo reino. Los lectores ven en Diario de Navarra el reflejo de sus sentimientos y aspiraciones.
El periódico ha contribuido a la transformación cultural y económica que ha experimentado Navarra en estos últimos años y es tal su aceptación que, con una difusión de más de 63.000 ejemplares, sobre una población que supera en poco el medio millón de habitantes, es el diario de mayor penetración en una autonomía española. Es verdad que hemos pasado tiempos difíciles, como los años de Transición, en los que peligró seriamente nuestra autonomía.
No fueron solamente los partidos nacionalistas vascos los que pretendieron la incorporación de Navarra en Euzcadi, sino todos los partidos de izquierdas, entonces sopa de siglas, e incluso el PSOE, que en las primeras elecciones democráticas se alió con el PNV en el Congreso. La realidad del sentir general le hizo rectificar pronto. Tampoco nos favorecía, ni nos favorece, la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución que prevé, en camino de irás y no volverás, la integración de Navarra en Euzcadi, mediante referéndum.
Aunque las amenazas y los malos deseos siguen vivos, nada peor que el ambiente políticamente hostil de aquellos años. Diario de Navarra, como antes frente al Estatuto vasco del año 34, mantuvo una firme postura de rechazo a toda injerencia en nuestra autonomía y nuestras instituciones. El momento lo aprovecharon los terroristas de ETA para atentar contra nuestra libertad, que les hacía mucho daño. Así seguiremos y seguirá Diario de Navarra. Un jubilado como yo ya no tiene responsabilidad directa aunque también es verdad que la pluma no entra en las clases pasivas.
Quiero dar las gracias, en mi nombre y en el de Diario de Navarra, al excelentísimo señor Presidente del Gobierno por el gran honor que nos ha hecho entregándome personalmente este premio. No esperaba tan alta distinción. Creo que en su gesto habrá influido su cuarterón de navarro. Yo sé que conserva, y lo ha demostrado en ocasiones, un sentido amor a Navarra y entre sus preocupaciones humanas y políticas están nuestro presente y nuestro futuro. Muchas gracias, señor Presidente,y gracias otra vez a todos, jurado, consejeros y redactores de Diario de Navarra, colegas y amigos.
