Premio de periodismo Rafael Calvo Serer
Guillermo Luca de Tena

PARA NO REESCRIBIR LA HISTORIA
Señora. Gracias, muchas gracias por su presencia en este acto que forzosamente me trae entrañables recuerdos de los viejos tiempos de Villa Giralda y de Estoril. Como miembro del Consejo Privado y más tarde de la Secretaría Política de S.M. Don Juan, visité con frecuencia Villa Giralda y todavía recuerdo a V. A. con su uniforme de enfermera a su regreso del hospital en el que trabajaba.
Con ocasión de vuestro enlace con don Luis Gómez Acebo fui designado por Vuestro Augusto padre como uno de los responsables de las relaciones con los medios de comunicación que asistieron al evento, como así mismo de la entrega a éstos medios del texto del importantísimo discurso que pronunció Don Juan a los postres del banquete, discurso en el que señaló las bases de lo que debería ser la Monarquía de todos los españoles. Y aquellas mismas bases fueron las que aplicó vuestro hermano el Rey en los primeros años de su reinado, hasta la aprobación de la Constitución de 1978.
Gracias de nuevo, Alteza, por vuestra presencia. Excelentísima señora Presidenta de la Comunidad de Madrid, señoras y señores, queridos compañeros, querido Antonio Fontán, mil gracias por tus elogiosas palabras que pienso que obedecen más que a mis insignificantes méritos a nuestra vieja y gran amistad, ya próxima a cumplir nada menos que media centuria.
No puedo ocultar mi alegría por que me halláis otorgado el Premio Rafael Calvo Serer correspondiente a 2006, y esa alegría obedece a que aquel Madrid dirigido por Antonio Fontán y que presidió Rafael Calvo Serer fue el periódico con el que me he sentido más identificado políticamente.
Como tengo el vicio desde muy joven de dedicar largo tiempo a la lectura de periódicos, muchos años antes ya fui lector de los artículos de Emilio Carrere en el Madrid de Juan Pujol, quien, por cierto, fue brillante corresponsal de ABC en los frentes de batalla de la guerra del 14 al 18. Yo me atrevo a afirmar que la contribución de Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán a la consolidación de nuestras libertades y de la democracia ha sido importantísima.
Desde posiciones no siempre iguales, ambos dedicaron gran parte de su vida a la reconciliación de los españoles tras la tragedia de la guerra civil y los cuarenta años del régimen del general Franco. Esa reconciliación a la que mi generación contribuyó generosamente y que hoy, treinta años después, algunos intentan arrebatarnos. Una aciaga mañana de abril de 1967 los talleres de ABC sufrieron un importantísimo incendio en la nave de rotativas y solamente gracias a la generosidad del Madrid pudimos mantener el contacto con nuestros lectores, ya que ABC se imprimió en vuestros talleres a lo largo de varias semanas.
Pero... mucho peor que el incendio de ABC fue el descabellado cierre del Madrid «por irregularidades de inscripción en el Registro». Algo parecido a semejante barbaridad rezaba la orden de cierre del mes de octubre de 1971.
ABC acogió en aquellas difíciles circunstancias a algunos de sus redactores, que se habían quedado de la noche a la mañana sin sus puestos de trabajo. Mas de uno terminó su vida laboral en ABC y otros, como Miguel Ángel Gozalo, tras una etapa como corresponsal de ABC en París alcanzó la presidencia de la Agencia EFE, en la que realizó una brillante labor.También regresaron a sus colaboraciones en ABC mis admirados Calvo Serer y Fontán.
Rafael Calvo Serer escribió para ABC fundamentalmente terceras. Su primer artículo se publicó el 21 de mayo de 1949 y el último en 1983. En total 91 artículos de doctrina política con títulos tan sugestivos como «España ante la unificación europea», de mayo de 1953, «Las garantías populares de la Monarquía», de (1957), o «La sucesión del general de Gaulle», de 1963. Un artículo sobre este mismo tema, «Retirarse a tiempo», publicado en el Madrid, fue el desencadenante, o al menos una de las excusas aducidas, para el cierre del periódico. Otros títulos: «Aspectos positivos de la Democracia» (1962); «El futuro político de la Monarquía» (1963); «El catalanismo nacional» (1964); «Europa es la solución» (1976);«La prensa libre es fundamental» (1982), etc. Me resulta imposible en estos breves minutos glosar sus contenidos, aunque el solo enunciado de los títulos nos muestra con meridiana claridad cuáles son las preocupaciones del profesor Calvo Serer a lo largo de su vida.
Semejante, y también desde muy joven, es el paso por las páginas de ABC de Antonio Fontán. Antonio publica su primer artículo en 1957. Su titulo: «Distinción del humanismo». Desde entonces hasta el día de hoy son sesenta artículos: «La conciencia nacional» (1962), «Ni ruptura ni reforma: cambio» (1976), «La hora de los políticos» (1976), «La próxima democracia española» (1977), «Democracia es responsabilidad» (1977), «Los primeros españoles que se llamaron así» (2003)... En este artículo es el catedrático de latín quién nos demuestra que Hispanioli es la voz latina sobre la que se forma, primero en catalán y luego en castellano, el actual «español». Uno de sus últimos artículos, que fue publicado en octubre del año 2005, lleva por título «Las naciones no se inventan». Desgraciadamente no puede ser mayor su actualidad. Y precisamente hoy incide en el tema: «La realidad nacional es España.»
Antonio Fontán y Rafael Calvo Serer han sido (afortunadamente Antonio lo sigue siendo) intelectuales políticos o políticos intelectuales de los que necesitaríamos unos cuantos en la actualidad para intentar evitar la reescritura de nuestra historia.
Cuando se nos afirma como está ocurriendo últimamente que la Segunda República española fue un dechado de virtudes, he querido recordar para ustedes como fueron a grandes rasgos las relaciones de la República con ABC.
Cuando, tras las elecciones municipales de 1931, se proclamó la República, ABC publicó su famoso editorial «Seguimos donde estábamos». Decía el editorial: «Nuestra fe y nuestros principios no se los lleva el huracán de las pasiones que ha turbado tantas conciencias y ha extraviado a una gran parte del pueblo, sumándolo, creemos que pasajeramente, a esa otra opción que en toda sociedad propende a la rebeldía, y sobre la que no se ha logrado jamás una política honrada. Seguimos y permaneceremos donde estábamos: con la Monarquía, con el orden, con el derecho y nunca fuera de la Ley, respetuosos de la voluntad Nacional, pero sin sacrificarle nuestras convicciones. La Monarquía es el signo de todo lo que defendemos, es la historia de España.»
No había transcurrido un mes del 14 de abril cuando ABC publicó una entrevista de su director con Don Alfonso XIII, en la que el Rey manifestaba: «Estoy decidido absolutamente decidido, a no poner la menor dificultad a la actuación del gobierno republicano, que para mí, y por encima de todo, es en estos momentos el gobierno de España. Los monárquicos que quieran seguir mis indicaciones deben no sólo abstenerse de obstaculizar al Gobierno, sino apoyarle en cuanto sea patriótico.»
Esta generosidad en las palabras del Rey reproducidas en ABC se vio truncada solamente cinco días más tarde. El 10 de mayo se celebró en Madrid una reunión legal y autorizada para elegir la Junta Directiva del círculo monárquico. A dicha reunión asistió, entre otros, Juan Ignacio Luca de Tena. En la calle,
una manifestación antimonárquica protestaba, vociferaba e injuriaba los reunidos y entre los manifestantes se corrió la voz de que el director de ABC había
matado a un taxista que se había negado a gritar viva el Rey.
Ante el cariz de la manifestación Juan Ignacio Luca de Tena abandonó el círculo y se alejó como pudo, ocultándose de los manifestantes. Posteriormente se entregó en la Dirección General de Seguridad y al día siguiente fue trasladado a la cárcel modelo en la que permaneció aproximadamente un mes, hasta que el Juez Instructor le dejó en libertad bajo fianza de cinco mil pesetas.
Aquel mismo día las llamas y el humo cubrían el cielo de Madrid por la terrible quema de los conventos. Y en relación con el asesinato del taxista, como naturalmente no había ni taxista ni pistola ni nada, el proceso fue sobreseído en el mes de noviembre de 1932.
Tras los sucesos del círculo monárquico, el Gobierno, además de encarcelar a su director, suspendió la publicación de ABC, en cuyo portal de la calle de
Serrano colocó un cartel que rezaba: «El Gobierno de la República se ha incautado de este edificio.» Esta primera suspensión fue levantada el 5 de junio.
En octubre de aquel mismo año el Gobierno aprueba con carácter de urgencia La Ley de Defensa de la República, en la que se tipifica como delito entre otras, «toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las instituciones u organismos del Estado y la apología del Régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación». Esta es la libertad de expresión que instaura la República y que ya en octubre se estrena, nuevamente con ABC, suspendiéndole tres días por haber publicado una editorial en defensa de Alfonso XIII, que había sido condenado por las Cortes españolas por no oponerse a la dictadura de Primo de Rivera.
En los meses de abril, mayo y junio de 1932, ABC es secuestrado de los quioscos en tres ocasiones por la publicación de artículos de colaboración, uno sobre el indulto a Casanellas, asesino del presidente del Gobierno Eduardo Dato, el segundo por un editorial sobre el estatuto de Cataluña y el tercero por un artículo de José María Salaberría sobre la bandera tricolor. Pero la sanción más grave está por caer. El 10 de agosto de 1932 se produce en Madrid un intento de sublevación militar contra el Gobierno, comandado desde Sevilla por el General Sanjurjo. El ABC, debido a la hora en que se produjo el golpe, apenas puede informar a sus lectores acerca de los sucesos que, en palabras del jefe superior de policía, se trataba de una insurrección militar que podía considerarse fracasada. El periódico añade que «los revoltosos intentaron apoderarse del Palacio de Comunicaciones y del Ministerio de la Guerra».
El ABC pensaba ampliar la información en días ulteriores pero no pudo hacerlo en muchos meses. El diario monárquico, junto con otras 114 publicaciones, sí, 114, o lo que es lo mismo una cifra superior a la totalidad de los periódicos que hoy en día se publican en España, fue suspendido por el Gobierno en aplicación de la Ley de Defensa de la República, al considerar a todas ellas involucradas en el intento golpista. Junto a las suspensiones de periódicos fueron detenidos numerosos militares y civiles y, entre ellos, una vez más, el director de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena. Está claro que es imposible que más de cien periódicos estén involucrados en el golpe militar en el que en cualquier caso no tuvo nada que ver ni el ABC ni su director, a pesar de lo que Azaña escribe en su diario el 20 de agosto: «En realidad ABC y otros periódicos tienen gravísima culpa en los sucesos del día 10.» Aquel mismo día fue incendiado el domicilio sevillano de la familia Luca de Tena.
Este cierre dura la friolera de casi cuatro meses. Concretamente hasta el 30 de noviembre. El día de su reaparición, ABC reitera en un editorial que era «enemigo del golpe que estalló en la madrugada del 10 de agosto» y en ese mismo número informa del coste para la empresa del injusto y prolongado cierre:¡¡¡2.391.438 pesetas!!! Durante la larga suspensión fueron abonados los salarios íntegros de todo el personal.
Dicen las historiadoras María Cruz Seoane y Dolores Saiz: «Mas lentamente que en otros periódicos también en ABC se produjo un desplazamiento hacia posturas ultraderechistas que desdecían de su historia.» Y no es que el ABC se radicalizara hacia la extrema derecha sino que, consecuente con su ideario, se opuso al anticatolicismo de la constitución; a la Ley de Amnistia (que solo abarcaba los delitos cometidos durante la Monarquía), a la disolución de la Compañía de Jesús, al Estatuto Catalán, etc, etc. Y fiel a su ideario también se manifestó en sus editoriales claramente a favor de las candidaturas de la coalición de los partidos de centro y de derechas que finalmente triunfaron en las urnas en las elecciones de 1933.
Todavía tuvo que pasar ABC por una huelga ilegal declarada por la Casa del Pueblo ante la actitud del obrero minervista Jesús Navarro, que se negó a afiliarse a la UGT.
En junio de 1933, y ante la proliferación de sanciones, escribe en un editorial: «La libertad de prensa ha sufrido ya demasiados atropellos y no puede tolerarse que continúen a título de medidas gubernativas. El periódico que incurra en delincuencia debe ser juzgado por los tribunales y nada más. No podemos admitir otro procedimiento.»También en 1933 se produce una interesante polémica en las páginas de ABC entre el director del periódico y José Antonio Primo de Rivera. ABC, escribe Juan Ignacio Luca de Tena: «Rechaza toda política, toda organización y todo régimen que atente a la dignidad humana y que niegue como niega el fascismo en todas sus manifestaciones y traducciones los derechos individuales imprescriptibles anteriores y superiores a toda legislación.» Traigo a relucir esta polémica por la confusión que, aún hoy, sigue existiendo y que con muy mala intención nos han pretendido calificar de fascistas o próximos al fascismo.
Quiero resaltar que, prácticamente durante los cinco años de República, existió la censura gubernativa en los periódicos, o al menos en los de Madrid.
Resulta fácil comprobarlo en la colección de ABC, ya que con mucha frecuencia aparecía en sus páginas un módulo que decía:«Este número ha sido visado por la censura.»Todavía tuvo el ABC que oponerse a dos gravísimos acontecimientos acaecidos en octubre de 1934: la proclamación de la República Catalana por Companys y la revolución de Asturias. Y una vez más el periódico fiel a sus principios vuelve a manifestarse editorialmente, afirmando que está «con la Ley y el orden y frente a todo separatismo».Tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936 la vida española se fue radicalizando más y más, hasta que el 13 de julio fue asesinado por un grupo de guardias de asalto don José Calvo Sotelo.
El Congreso de los Diputados se encontraba de vacaciones y su presidente no consideró oportuna la convocatoria del Pleno que le pedía la oposición.
En su lugar se reunió la Comisión Permanente y fue ante la citada Comisión en la que pronunció un discurso inolvidable y demoledor don José María Gil Robles. El discurso del ilustre demócrata fue publicado íntegramente en ABC. Entre otras cosas, decía:
«Aunque vosotros como Gobierno no tengáis la responsabilidad criminal, sí tenéis la enorme responsabilidad moral de patrocinar una política de violencia,
de haber, desde el banco azul, excitado la violencia, de no haber desautorizado a quien desde los bancos de la mayoría han pronunciado palabras de amenaza contra la persona del señor Calvo Sotelo. Todos los días por parte de los grupos de la mayoría, por parte de los grupos inspirados por vosotros, hay la excitación, la amenaza, la conminación de que hay que aplastar al adversario, que hay que realizar con él una política de exterminio.» Y concluía el señor Gil Robles con la lectura de una estadística de los actos de violencia cometidos en España entre el 16 de junio y el 13 de julio, en menos de un mes: «Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; muertos, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 15; huelgas parciales, 129; bombas, 74; incendios, no comprendidos los de iglesias, 19.»
Esta era señoras y señores la República que hoy nos quieren presentar como democrática y beatífica. No quiero terminar sin pediros perdón por rememorar
tan infaustos recuerdos, a los que generosamente renunciaron los hombres de la Transición, de uno y otro lado.
Y nada mas. Gracias de nuevo queridos amigos, querido Antonio... y Sevilla.
